8 9 43 vf^j^J¡¡ PEDRO PEREZ FERNANDEZ y FERNANDO LUQUE

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EL PBESIDEHTE P1ÍNBDEZ

ASTRAKANADA LÍRICA en un acto, dividido en tres cuadros, original

MÚSICA DEL MAESTRO

PABLO LUNA

Copyright, by P. Pérez Fernández y F. Luque, 1917

SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES Calle del Prado, núm. 24

1917

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Esta obra es propiedad de sus autores, y nadie po- drá, sin su permiso, reimprimirla ni representarla en España ni en los países con los cuales se hayan cele brado, ó se celebren en adelante, tratados internado nales de propiedad literaria.

Los autores se reserva el derecho de traducción.

Los comisionados y representantes de la Soeitdad dt Autores Españolea son los encargados exclusivamente de conceder ó negar el permiso de representación y del cobro de los derechos de propiedad.

Droits de representaron, de traduction et de repro- duction réservés povr tous les pays, y compris la Sué- de, la Norvége et la Hdllande,

Queda hecho el depósito que marca ley.

il PRESIDENTE MINGUE?

ASTRAK ANA DA LÍRICA en un acto, dividido en tres cuadros

ORIGINAL DE

PEDRO PEREZ FERNANDEZ y FERNANDO LUQJIE '

múaiea del maestro

PABLO LUNA

Estrenada en el TEATRO DE APOLO el día 13 de Junio de 1917

MADRID V»lasoo, impresor, Marqués de Santa Ana, 11 dup.

TELÉFONO, NÚMERO 551

1917

A maestros simpatiquísimos amigos Antonio y Ranjói) Bargués, coi) üi) abrazo.

REPARTO

PERSONAJES ACTORES

TU AT?T A N A

okta. Lnujiis ^Jttosa

l>xESEUUJb.B.

TOSTTFTN A

GülLLOT.

T?TTA

VIIKO.N A.

M A Ti go R I"N"

VjujíVAo.

TN VITADA 1 a

í^l T T T I? T> T> TP ^

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A CEÑA .

HERMOSO

8r Ot?ta<9 ^

EL DOÜTOR JABATO ...

Mf.ATí A

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RODRIGUEZ .

TJTTTP A RT

TITO

León.

PONTE

Galindo.

TEJADA .

Ferret.

MANDANGA

8 T>1ET. PTWft

ZANGUANGO

Bretaño.

Román.

García.

FlSCHER.

UN PERIODISTA

Moreno.

Paisano.

LÓPEZ.

Llayna.

Delgado.

UN CABALLERO NEGRO...

Besga.

Invitadas, invitados, criados y golfos

La acción en París. Epoca actual

¡I il i li II II II II II II II il II II II il II il SI II II II li il il H Ü H I' 11 Ü H II | II |

ACTO UNICO

CUADRO PRIMERO

Gabinete-tocador en casa de Mariana Pérez (a) «Niñón de Léñelos». Puerta de entrada al fondo y puertas laterales. Una niesita con aparato telefónico.

(Al levantarse el telón están en esceua MARIANA, probándose un vestido de maja marquesa, con MADE- MOISELLE GORIN., modista, y RITA, monísima don- cella, que contempla a su señora, embobada.)

Wlúsica

Mar. (canturreando.)

He nacido en Maravillas

y maravilla he nacido

y en la Corle, corte me hacen

desde Goya a Pepe-HilLo.

¡Ay qné maja marquesa!

¡Ay qué maja manóla!

¡Ay qué maja .. dería

de maja rumbosa!

Gorin ) . ,

j£ITA ¡ i Ay qué maja marquesa, etc.

Hablado s?bs*e la música

Mar. ¡Qué corte más bonito! ¿Verdad, Rita?

Gorin ¿Es exacto al figurín que le enviaron de Es- paña?

Mar. No, no me lo enviaron de España. El autor

es un chico español que está en París.

673347

Gorin ¿Es la primera vez que viene a París la se- ñorita?

Mar. La primera. |Y tengo un miedo al cdebut»!

Figúrese, no tengo en París más que dos amigos: este del figurín y un pobre cómico que conocí en América; un tipo muy ori- ginal.

Gorin Pues no tenga usted miedo. Usted gustará en París.

Rita Ya lo creo que gusta. Cántele usted algo a

esta atontá, señorita. Mar. ¡Va por Españal Rita j Viva mi tierra! Mar. ¡Viva España!

Cantando

A me quiere un torero a me quiere un marqués, a me quiere un chispero,

me quieren los tres. Pero ni al torero quiero

ni al chispero

ni al usía, que un leguito limosnero me tiene loca perdía.

Es tan pillín ,

tan cazurrón,

tan retontín,

tan retontón,

que no deja de tocar

y de llamar

a la oración: tan tin tan ton, etc.

A me llaman la guapa, a me ofrecen rapé, a me tienden la capa

debajo del pie. Y tengo más de un cortejo que enronquece requebrando; pero yo escapo y le dejo que el lego me está llamando,

Es tan pillín,

tan cazurrón,

tan retontín,

tan retontón,

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que no deja de tocar y de llamar a la oración:

tan tin

tan ton, etc.

(cesa la música. Aplauden Mademoisell* Gorin y Rita.)

Hablado

Rita ¡Qué éxito va usted a tener!

Mar. Ya veremos, Rita.

Gorin ¿Le quito la falda?

Mar. No, porque no tardará en llegar el autor del

figurín y quiero que me la vea puesta. Gorin Pue3 entonces...

Mar. Hasta mañana. (Vcse por el foro Mademoiselle Go-

rin, seguida de Rita. Suena un timbre.) Ahí está ya.

¡Qué puntualidad! En todo ha de ser irre- prochable este chico!

(Aparece ACEITUNO por la puerta del foro. Es un chico elegante, exageradamente elegante y de modales muy finos, exageradamente finos. No es un afeminado, que conste.)

Aceit. ¿Hay acceso?

Mar. (coqueteando.) Usted verá.

ACEIT. (Entra.) ¡Mis dos manos! (Saluda. Por la falda.)

¿Pero qué veo? ¡Es mi figurínl ¡Mi crea- ción!

Mar. ¿Me sienta?

Aceit. Le sienta que tumba.

Mar. ¿Gustaré?

Aceit. Más que un pase del tranvía.

Mar. Pero aquí en París... donde tantas cupletis- tas han fracasado.

Aceit. No tenga usted miedo. ¡Digo! ¡Con la au- reola de conquistadora de indios que se trae usted de America! Todo París sabe a estas horas que usted se llevó del Gutuvay al ex- presidente Mínguez, enredado como un su- jeta-abuelos en los madroños de su man- tilla. ¡Ohl La prensa está de su parte, (suena

un timbre.)

Mar. ¿Quién será? ¡ Ah! Seguramente es Hermoso. Me tiene anunciada su visita.

Aceit. ¡Extrañárame a mí! No viene un artista es- pañol a París que él no visite.

Mar. ¿Le conoce usted?

- 10.

Aceit. Pertenecer a la Cclonia española en París, y no conocer a Hermoso, es una cosa ab- surda.

Mar. ¿Y qué hace aquí? ¿De qué vive?

Aceit. No lo sé. Dicen que ha sido un actor de

dramas excelente. Mar. Ya lo creo. Fué compañero mío en el Gutu-

vay.

Aceit. Pues en París lo padecemos ahora. Dice que está en París por curiosidad. Sus compatrio- tas le llamamos el curioso impertinente.

Mar. Tienen ustedes razón; ese es su ñaco. La

maldita curiosidad.

Aceit. Así es. En todas partes se mete, todo lo pre- gunta, de todo se entera..! A me tiene aburrido. Como si lo viera, vendrá a ente- rarse de su vida y milagros. Verá usted, ve. usted las preguntas que le hace.

Mar. Parece que tarda. No será él. Salgamos de

dudas. (llamando.) ¡Rita! ¡Rital

(Aparece HERMOSO tn la puerta del fondo, «eguido de Rita. Hermoso viene hecho una lástima; tiene en. el traje ceniza del primer cigarro que fumó.)

Herm. Una curiosidad. ¿Esa Rita está para todo? Mar. No.

Herm. ¡Qué decepción! Creí que había encontrado la famosa ttita que lo hace todo. (Dándole el

sombrero y el bastón a Aceituno.) Hazme el fa- vor.

Aceit. Que lo haga Rita.

HERM . Ella es. (Vase Rita con el sombrero y el bastón de

Hermoso. A Mariana ) Hija mía, ¿CÓmO estás?

¿Cuánto te ha costado ese traje? ;Eh? ¿A que- rías venido a París? ¿Cuándo has llegado? ¿Cuándo te vas? ¿Eh? ¿Cuánto te cuesta este piso? ¿Qué edad tienes? ¿Qué hace este aquí? ¿Eh? Perdóname. Soy el de siempre. Algo derrotado, pero muy curioso. Mar. ¡Y tan derrotado! ¡Parece mentira! ¡Quien te

ha visto y quien te ve! Tú, el ídolo de los públicos americanos... aquí en París y con esas trazas.

Herm. Yo me tengo la culpa, hermosa «Niñón».

Por querer enterarme de lo que no me im- porta, me veo como me veo, ¡pero soy felizl ¿Soy un enfermo, un neurasténico? No lo Mi mayor placer es enterarme de todo. ¡Preguntar, indagar, curiosear! Esa es mi

vida. Al fin y al cabo esto no es ningún de- lito. ¿Qué es un hombre de ciencia? Un tío curioso que le da por enterarse de lo que dicen los libros. ¿Qué es la educación? Cu- riosidad disfrazada. Se encuentra uno a un amigo y lo primero que hace es decirle: ¿cómo está usted? ¿y en su casa? ¿y los ni- ños? ¿Y a usted qué le importa? jAy! ¡Yo me he pasado mi primera juventud viendo asfaltar, Mariana! He sido en España carte- ro, sereno, guardia, cómico y bañero, ¡hasta bañero! ¿Cabe más curiosidad? Aquí a París vine a preguntar por unas señas y me he encontrado con que en esta gran urbe se en- tera uno de muchas cosas, y de aquí no sal- go ni arrastrao. Por permanecer aquí sin morirme de hambre he tenido multitud de oficios; el que más me agradó fué el de co- brador del tranvía. ¡Con qué gusto le pre- guntaba a los viajeros: ¿Dónde van ustedes? ¿Cuántos son ustedes? ¿Qué edad tiene ese niño?

Mar. ¿Y ahora en qué trabajan?

Herm. ¡Ay, está todo muy malo! He descendido

mucho; ahora trabajo en el alambre. Mar. ¡Caray! ¿Te has metido a funámbulo?

Herm. JNo: hago jaulas para grillos. Fabrico dos

decenas, me dan un franco, y ¡avivirl Digo,

¡a curiosear!

Mar. ¡Con lo bien que te iba de cómico! ¿Por qué

uo vuelves a la escena?

Herm. ¿Yo? No me la mientes. Estoy horrorizado.

No se puede hablar con la gente recién lle- gada de España. Todos vienen haciendo chistes gordos. Y es la influencia del teatro. ¿Yo? ¿Yo, el mejor intérprete de Calderón, salir a soltarle al público cuatro retruécanos? ¡Quiá!

M\r. Pues es lo que priva.

Herm. ¿Pero te crees 4iie yo puedo salir a esce- na y decir, sin ponerme colorado, que las malagueñas se diferencian de la marcha fúnebre, en que las malagueñas son de chi- pén y la marcha fúnebre de Chopin?

Mar. í T . .

Aceit. í I ja...

Herm. (serio.) ¡No; mil y una veces no! ¡Ah, el tea- tro de Calderón, el de Lope, el de Zapata! ¡El

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latiguillo que enardece a las masas y las ha», ce estremecer y romper en un aplauso! ¡Eso, eso es lo que vale! Si despertara Calderón y viera una obra de retruécanos, a la puerta misma del teatro, su mano trémula, acari- ciaría una pistola,., y una detonación (Decla- mando enfáticamente, hasta acabar en latiguillo.) Un ]ay! un ¡muerto soy!, un cuerpo que cae, el juez, el depósito, la autopsia, el sepelio, la

losa gélida (Agitando una mano en el aire.) Una

lágrima por el muerto que se evapora, una flor sobre la tumba que se marchita, una oración que la recoge Dios... (Golpe »n el pecho.) y la eterna llama, (En camelo.) la luz perpe- tua, el caos, la nada, la eternidad, el limbo, la zateca de la tempa del casiesto del Uni- verso Mundo!

Aceit. ¡¡Bravo!!

Mar. ¡¡Bien i! (Aplaude.)

Herm. Gracias; es lo único que me queda, el lati- guillo. En fin, dejemos esto y a lo otro. Aquí me tienes, «Niñón»; ¿cómo te gusta que te llame, «Niñón de Lenclost, o Maria- na Pérez?

Mar. Llámame Niñón.

Herm Pues aquí me tienes, Niñón. Los periódicos cuentan unas cosas... de tu tournée por América y ponen unos puntos suspensivos que me traen loco.

Mar. (Ríe.) ¿Qué cuentan?

Herm. Dime: ¿es verdad que allí en el Gutuvay se

enamoró de ti el ex presidente Mínguez? Mar. Sí, hombre, sí.

Herm. ¿Es cierto que se encalabrinó por ti un piel roja y que lo volviste lila?

Mar. En efecto.

Herm. (Llora.) ¡Hija de mi alma!

Mar. Ya sabía yo que te alegrarías de mis triun-

fos.

Herm. (LioiandcO ¿Cómo no? Yo que fui para tu pa- dre como un hermano, he de ser rara ti como un padre. Echame una copa, brinda- remos por tu éxito en París. Oye, ¿y lo del coco? ¿Es verdad que en la Habana, en tu beneficio, no sabiéndola con qué obsequiar- te, te regalaron una pina de veinte kilos, una chirimoya que daba espanto y un coco que metía miedo? ¡Lloro de emoción! Bebamos.

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Aceit. Bebamos.

(Sale RITA trayendo en una bandeja tres tarjetas.)

Rita Señorita, estos tres señores. Dicen que son del Gutuvay.

HERM. Seguramente los COnOZCO. (Abalanzándose sobre-

las tarjetas.) A ver... a ver... Mar. Hombre, permite. Herm. Déjame, por tu madre. Mar. Yo te las leeré (Leyendo.) Tito Villa, capitán,

del ejército del Gutuvay. Herm. ¡Que pase, que pasel

MAR. Espera, hombre. (Leyendo en otra tarjeta.) Re-

veriano P. Cabello... ¿Quién es este? Herm. jEI diplomático, mujer! D. Reveriano Ponte, ese señor bajito y calvo. ¡Si se firma Reveria- no P. Cabello, porque no quiere que le digan Reveriano Ponte Cabello! ¡Que pase, quo pase!

Mar. (Leyendo.) Zacarías Tejada.

Herm. (cogiendo la tarjeta ) ¡Ese tío ladrón, que fué ministro de Haciendal ¡Que pasen, que pa- sen. ¿A qué vendrán?

Mar. Me lo figuro. A pedirme noticias del general

Mínguez. Voy a ponerme una bata, (a Rita.)< Que entren, (vaee Rita.) Vosotros...

Aceit. A la calle.

Herm. (se pone de rodillas.) ¡Mariana, hija de mis en- trañas! ¡A la calle, no! Nosotros detrás de esa puerta. Yo no puedo irme sin enterarme de esto. ¡Me saldría una erupción granulada y esfervescente, Mariana!

Mar. Lo que quieras, Hermoso.

Herm. Gracias, chata.

Mar. No es piropo.

Herm. Como si lo fuera. ¡Ya es-tán aquí!

(Mutis de Mariana por la primera de la izquierda, ymu.. tis de Hermoso y Aceituno porla primerade la derecha.)

Música

(Entran TITO, PONTE y TEJADA, tres diplomáticos* del Gutuvay.)

Los tküs Diplomacia, caballeros, diplomacia, abordemos el asunto con malicia, pues tendría poca gracia nos faltara la pericia. Si encontramos hoy, por fin, al Presidente- Gutuvay será feliz e independiente.

14 m

Tito

Ponte

Tej.

Tito

Ponte

Tej.

LOS TRES

Tito

Ponte

Tej.

Los tres

Mar. Los tres

Mar.

Mas si falla la ocasión, habrá al cabo que salir, después de hacerlo mal con una decepción exactamente igual que el negro del sermón. Y eso no es lo tratao y eso no es lo acordao y eso no, ¡no será!

¡Carape! j Canijo! Pues se burlan de fijo de nosotros allá.

Minguistas convencidos y fervientes sin tantito de doblez, venimos a buscar al Presidente que es un memo de una vez. jQué memez!

¡Qué idiotez!

Es un viejo reteñido. Es un calavera viejo. Es un pobre descosido. Desgraciao pendejo. [Canijo ! ¡Caray! ¡pero es el Presidente del Gutuvay! ¿Quién le tendrá? ¿Dónde estará? ¿Donde el muy ganso se ocultará? ¡Generá!

¡Generá! ¡Generá! ¡Vaya usted a saber si con gran discreción hay alguna mujer que lo tenga en prisiónl Y si acaso la hay demos la salvación al Gutuvay.

(Sale MARIANA, en bata, por la primera izquierda.

¿Qué es lo que desean?

Ustedes dirán. Queremos al instante a nuestro Presidente, porque eso es lo importante. ¿Señores, yo no puedo complacerles

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f orque-ignoro dónde está,

en cambio yo sabría agradecerles

que no me hablen de eso ya.

Se acabó lo que me unía con el General, y en Suiza se quedó el pobre ya bastante mal. Si en algo más puaiera serles útil a sus órdenes estoy. Los tres Diplomacia, caballeros, diplomacia, etc.

(Cesa la música.)

Hablado

Mar. (Con acento americano.) Señores...

Ponte \

Tej. ( (lo mismo.) Señorita... (Ponte se sienta.)

Tito \

Mar. Siéntense ustedes.

Tito De ninguna manera. Ponte, de pie. Tene-

mos los minutos contados. Señorita: (con tono declamatorio.) La patria gime y nos pide al General Minguez para exaltarlo a la Presi- dencia. El partido minguista conspirará en París para hacer en el Gutuvay la revolu- ción, pero nos hace falta el caudillo. ¿Dón- de está?

Mar. Yo qué sé.

Tito Díganos dónde. Le telegrafiaremos.

Mar. Conmigo estuvo en Suiza, en el balneario

de Spá, pero no le he vuelto a ver. Nos lle- vábamos muy mal.

Tito ¿No mienten esos coralinos pétalos de sus labios?

Mar. (ofendida.) Caballero...

Tito Perdone. Es que donde hubo fuego...

Mar. Es que hubo leña.

Tito Hable el hombre de números.

Tej. Señorita, más claro... L03 señores de Rodrí-

guez, ilustres chilenos, tío y sobrina, que re- siden en París, dan todos los años una fiesta de primavera y aco8tumbran homenajear, contratándole para el caso, a una figura sa- liente y mundana, rajá indio, mandarín chino,'rey sin corona...

Mar. Y este año pretende contratar al General

Mínguez.

Tito Una cosa así. En la fiesta iniciaremos un

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empréstito, venderemos cruces, venderemos bandas, venderemos acciones, venderemos obligaciones, venderemos condecoraciones... un negocio político, ¿sabe? Y claro, si el General no acude a la fiesta... ¡se agua! Tej. |Nos dobla!

Mar. ¿Pero cómo va a acudir si está en Spá?

Tito ¡Oh! Si usted se lo manda, viene. Y es pre-

ciso que salga hoy mismo de allá. Si usted consigue que salga hoy, el diez por ciento del empréstito yo le garanto que es para us ted... íon cien mil pesetas en moneda de su país. Además, la invitamos a la fiesta.

Mar. Pues no cómo

Tito Hay un medio. Telegrafiándole en su nom- bre. ¿Nos permite?

Mar. Haga usted lo que quiera.

Tito Dice usted que en Suiza. Sná. Escriba, Pon- te. (Ponte requiere papel y estilográfica.) «General

Domingo Mínguez. Suiza... la dirección. > Ponte Ya está.

Tito (Dictando.) «Sal inmediatamente. Tu Maria*

na.» (Cogiendo el telegrama y entregándoselo a Ma- riana.) Señorita... En sus manos está nuestra fortuna. Si usted le da curso... y sale hoy, nos hará felices. En la Legación estamos en espera de su decisión. El número del teléfono es el catorce, cero, siete.

Tej. Son cien mil pesetas.

Tito )

Tej. > Señorita... (Música en la orquesta. Se v*n.)

Ponte )

(Sale HERMOSO como una bala.)

Herm. ¡Cien mil pesetas! ¡El catorce, cero sietet

(Cogiendo el telegrama.) ¡Sale hoy!

Aceeit. (saliendo.) ¡Valientes tíos! Mar. (a Hermoio.) ¿Pero qué vas a hacer, hombre?

Herm , ¿Tú crees que si lo quieres, viene el Ge. neral?

Mar. De cabeza. , Claro! Lo está deseando. Herm. Pues voy a cursar el telegrama. Mar. No hagas eso.

Herm. ¿Que no? ¿Y estás invitada a la fiesta y me puedes llevar de secretario? ¡Ah, no! yo me entero del chanchullo del empréstito, y veo a la señorita Rodríguez, y veo al General, y veo cómo manejan esos el sable de la revo- lución, y lo veo todo, y lo huelo todo y me

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meto en todo. ¡Si estoy en París, porque sólo en París ocurren estas cosas! Mariana, si no quieres que me una congestión, telegra- fía que venga Mínguez, y llévame a la fiesta! ¿Qué número han dicho? ¿El catorce cero siete?

Mar. Sí; el de la Legación.

Herm. ¡Vaya unos socios postineros! ¿Qué va a ser ese el número de la Legación? ¿Pero te crees que yo no he tenido la curiosidad de leerme toda la Guía de teléfonos interurba- nos? [Anda ésta! ¡Me he leído la de New- York! El catorce cero siete es el número de la cervecería Mahou que está aquí al lado. Verás. ¡Central! (coge ei teléfono.)

Mar. ¿Pero qué vas a hacer?

Herm. Central. [¡Mahou!!.. . ¡¡Mahou!!... ¡¡Mahou!!...

(Dando un golpe en el teléfono.) ¡GuaSOna!

Mar. ¿Qué te dicen?

Herm. Que me den cordilla. ¡Ah, ya está! ¡Hombre, el belloTito al aparato! ¡Tengo un quinqué!... Oiga, sí: la Niñón de Léñelos. Su secretario particular. La señorita Niñón tiene Ja com- placencia de manifestar a ustedes que dará curso al telegrama y que el Presidente Mín- guez se hallará mañana a las diez en el res- taurant Stambul y Pera, dispuesto a dejaise acarrear a los salones en fiestas de los seño- res de Rodríguez. La señorita Niñón irá acompañada de su Secretario. Cuenten con

Un invitado más. ¡Ya está! (Nuevamente al telé- fono.) ¿Eh? |Ay! ¡Ay! ¡Un cruce! ¡Un cruce!

(Lleno de ansiedad y tapándose el oído libre.)

Mar. (a Aceituno.) ¿Y a ti qué te parece?

Herm. ¡Hija mía! ¡Por tu padre! ¡Cállate!

Aceit. Es un poco comprometido.

Herm. ¡Dejadme oir, por lo que más queráis!

Mar. (Gritando a Hermoso.) ¡Pero Oye, tú!

Aceit. (Gritando.) ¡Que es un compromiso terrible!

HERM. (Arrodillado con cara de angustia, pero sin soltar el

, auricular.) ;¡Que no oigo nada!! ¡¡Que es un cruce!! ¡Que es un cruce! ¡Que un cruce es de lo más curioso del mundo! ¿Qué? ¿Eh?

¿Cómo? ¿Eh? ¿Qué?... (Telón lento.) FIN DEL PRIMER CUADRO

Intermedio musical

2

CUADRO SEGUNDO

Decoración partida. Elegantísimo restaurant. Á la derecha, gabinete comedor con mesa en el centro. A la izquierda, parte del «hall» que se abre en semicírculo, separado del comedor por un lienzo de forma curva que no llega al techo y que tiene una pequeñs puerta. A la izquierda, practicables que indiquen la continuación del local.

(Al levantarse el telón estáu en el comedor HERM080 y ACEITUNO, concluyendo de cenar. Un Camarero les sirve. HERMOSO y ACEITUNO vis>ten de frac.)

Cam. ¿El eeñor va a tomar café?

Herm. No, té; pero a ver si me lo traes bueno.

Chico, como en América no lo he degus- tado en ninguna parte. El de aquí es un asco.

Cam. ¿Va a tomarlo solo?

Herm. Con este amigo.

"CaM. (Presentando unos tubitos de celuloide.) ¿Desea el

señor?

Herm. Hombre, sí. (a Aceituno.) Mira qué curiosi- dad: para cada mondadiente un tubito de celuloide. Esto es pulcritud. ¡Viva París!

Aceit. Así se deben traer los mondadientes, y no a puñados como en esos colmados de tu tie- rra donde se baila y se canta.

€am. Esta es una casa muy pulcra y muy seria,

caballero; esto no es ningún café cantante.

Herm. ¡Ya se ve, ya! Y mira, mira cómo se ingenia el dueño para que nadie toque los palillos. (ai camarero.) Puedes retirarte, garcon. (vase

el Camarero.)

Aceit. Bueno; por tu madre, por tu vida, por le que quieras, dime qué vas a hacer y no ha- gas chistes, porque... a no me engañas tú: no eres un enfermo, ni un neurasté- nico atacado de curiosidad. A no me la das. ¡Tú eres un fresco retruecanista!

HERM. (Dando un puñetazo sobre la mesa que hace bailar

todos los platos.) ¿Qué heregía has proferido? ¿Yo retruecanista? ¡Yo! ¡El mejor intérprete del teatro serio que ha pisado las tablas! ¿Qué has dicho, sinvergüenza? ¡Jamás! Y no es que me falten condiciones para el re-

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trúecano, es que me repugna. ¡Ese es un género cuadrúpedo! Ya ves: nos han servido judías, cabeza de jabalí, gelatina, agujas de ternera, ¿qué pescado? -Aceit. Raya.

Herm. Pues raya, albaricoques y cabello de ángel.

Bueno, pues he podido colocarte un chiste plástico, poniendo aquí a un lado la cabeza del jabalí, con el cabello de ángel y la raya en medio, y no he cometido esa felonía. He podido sacarle la punta a las agujas de ter- nera y no se las he sacado. He podido de- cirte que en esta casa no saben ortografía, porque nos han puesto las judías con ge- latina, y las judías se ponen con jota, y ni

Una palabra. (El Camarero vuelve con uu servicio

de té.) En fin, ahora viene el mozo; me trae el té. Es un exquisito, tan aromático como el que yo tomaba en América, y yo le podía decir a este mozo: ¡Hombre, gracias a Dios, me alegro de ver bueno! ¡Y no se lo digo! ¿Retruecanista yo? ¿Yo retruecanista? ¡Que f^e cuele así una persona como tú! ¡No me co- noces! (Aceituno cuela el té, que se sirve.) ¡Jamás proferiré Un retruécano! (Arrebatándole la tete- ra.) ¡Trae, que parece mentira que tanto cueles!

-Aceit. Entonces, chico, no te comprendo. Si no eres un sinvergüenza, ¿qué eres? (vase el camarero.)

Hekm. Un impertinente curioso, ya lo sabes. Mnón ha recibido del general Mínguez este tele- grama. «Spa cinco tarde. No voy a París. Minguistas son desgraciaos rotos. Que los zurzan. Mínguez.» Y esto no puede quedar así, Aceituno; yo siento comezón por saber lo que va a pasar en esa fiesta y quiero ex- perimentar por mismo las emociones de un hombre ilustre, durante un homenaje patriótico.

Aceit. ¿Y te crees, que como el auténtico les ha fallado...?

Herm. Arrean conmigo. ¿Tú no ves que allí nadie conoce al general Mínguez? Así como así, entre que haga de general un apache abu- rrido a que lo haga yo, va una gran diferen- cia. Aquí está su retrato, (lo saca.) aquí hay

Crepé... (Por una cajita que lleva.) ¡atención! (Em- pieza a caracterizarse ) Aquí hay un curioso que

«. 2 0

se ya a dar el gusto de ser futuro presidente?

' del GutUVay toda Una noche. (La caracterización , se reduce a unas pobladas cejas, unas ojeras pronun.. ciadas y una mosca.)

Aceit. Paso porque los minguistas del empréstito.

sean unos sinvergüenzas, ¿pero y si en la fiesta alguien te reconoce y te da pa el pelo?-

Herm. Voy prevenido. Hasta un discurso llevo es- crito. Mira. (Le entrega un plUgo de papel.)

ilCEIT. (Leyendo, mientras Hermoso se caracteriza.) «Seño-

res: agradecido al homenaje yo os digo que- he echado raíces aquí, yo os digo que no quisiera marcharme. ¡Qué digo no quisiera! Lo que os digo muy seriamente es que na puedo marcharme...»

Herm. Trae, no le das ni entonación.

(Entra MARIANA, muy alborozada.)

Mar. A la orden, mi general. Chico, en cuanto les

dije a Tito, Ponte y Tejada, que Mínguez no> venía, se accidentaron; pero en cuanto co- mencé a insinuarles que si era verdad lo del diez por ciento del empréstito yo lograría que tu... ¡se volvieron locos! ¡Ese hombre es un tesoro! ¡Ha salvado el empréstito! ¡Mere- ce una cruz!

Herm. ¡Me la van a dar! (a Aceituno.) ¿No te dije?

¡En el Gutuvay las gastan así! Mar. (a cariciándole. ) Excuso decirte, Hermoso mío,

que nos repartiremos entre les dos ese diez.

por ciento.

Herm. (Enérgico.) ¡No! Hace un momento decía a este que yo no era un frescales. No quiero ni un «tostón», ¡canijol Me sobra con ver satis- fecha mi curiosidad.

Mar. Al entrar he visto el coche que te ha de lle-

var a casa de los señores de Rodríguez.

Herm. ¡Coche y todo, Aceitunito! No me cambio ahora ni por el rey de oros. ¡Quita d'ahí^ «desgraciao pendejo!»

Aceit. Yo en tu lugar, estaría muerto de miedo;, porque mira que si te descubren y te atizan...

Herm. ¡Bah! Me colocan una bomba bajo el sillón,.

estalla, desaparezco hecho innumerables cuartos de kilo y llegaré al Altísimo agrade- cidísimo. (El Camarero entra en el *hall» seguido do- un distinguido y elegante caballero negro, que se toca, con un sombrero de jipi y con el cual finge hablar un. rato y hace mutis. El negro, en cuanto se ve solo, pa^

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*ea, sale y vuelve a entrar, liempre receloso.) Espero e8tÓÍCO todos IOS Contratiempos. (Empieza a de- clamar para terminar en «latiguillo.» ¡Yo no CO110Z-

co el pánico, ni el miedo, ni el terrorl Si al- guna vez me atizan y me convierten en fiam- bre definitivo y voy al infierno, yo soy muy capaz de encararme con Satanás, el de los ojos incandescentes y preguntarle: Oye, tú: ¿qué tienes en la mirada que despides ese fuego?

JMar. ¡Bien, bravo! (Aplaude.)

ACEIT. ¡BraVO, bien! (Aplaude.)

(El caballero negro arroja su sombrero jipi por encima del lienzo divisorio al comedor de Hermoso y se va.)

HERM. (Correspondiendo a los aplausos de Aceituno y Maria- na.) ¡Gracias, gracias, muchas gracias! (ve el

sombrero que le han tirado.) ¡Recanotier! ¡Qué

éxito he tenidol Los francachelistas de ahí al lado me arrojan sombreros. ¡Señores*, tan- tísimas! ¿De quién es esto? MAR. (Cogiéndole el sombrero. ) ¡Calla! ¡Si te lo han

echado con dedicatoria! Üerm. \ \ ver, a ver!... ¡Hombre, qué letra más góti- ca! (Leyendo en la cinta del sombrero.) «General

Domingo Mínguez: Nos consta que la fiesta que se prepara en tu honor es una conspira- ción sóida. Oyelo bien. Si vas a ella, mori- rás. ¿Irás? Sí, irás porque eres un atún. Date por escabechado. En la puerta estoy. Un carbonario del Gutuvay.» (Dando un grito de terror.) ¡Ay! ¿Quién ha tirado este? ^CJam. (Entrando ) Un negro.

Herm. ¿Un negro? ¿Pero dice carbonero o carbona- rio? (volviendo a leer.) ¡Carbonario!

Aceit. Vamos, no te pongas así. A lo mejor, un bromista,un envidioso, un hombre obscuro... -Herm. Claro que obscuro. ¿No has oído que es un negro? ¿Lo quieres más claro?

Mar. ¿Y quién será ese tío?

Aceit. Vete a saber.

Herm . Pues yo lo sé. Me lo da el corazón. Ese tío es ..

-Aceit. ¿Quién? Mar. ¿Quién?

Herm. Ese tío es un tío animal. Y ahora mismo me

quito la mosca. (Muy nervioso y sin darse cuenta de lo que hace, se pone el cigarro detras de la oreja, se quita la perilla, vuelve a coger el cigarro, chupa por

22

el lado de la lumbre, se quema, da un grito y tira er pitillo, al mismo tiempo que se pone el crepé de la pe- rilla detrás de la oreja, mientras dice:) ¡Que no,.

hombre, que no! ¡Que a el escabeche no me sienta bienl ¿Yo en barril y partido en ruedas? ¡Que no, Mariana; «Niñón» de mi

alma! ¡ESO nunca! (Se quema.) ¡Ay! (Tira el ci- garro y se pone el crepé de la perilla detrás de la oreja.)

Aceit. ¿Y eres el hombre sin miedo? has be- bido.

Herm. Eso es aparte. El vino es aparte en toda»

partes. Aceit. Pero, General. Herm. Soy teniente. Mar. ¡Hermoso!

Herm . No me adules que no admito coba, «Niñón.».

Aceit. (imponiéndose.) Ya no podemos retroceder.

Herm. No, si lo que yo quiero es avanzar. ¡Irme a la calle por la puerta falsa!

Mar. ¿Y esa señorita de Rodríguez que te espera anhela jtt? ¿La vas a dar un desengaño? ¿Y la galantería?

Herm. La pondré dos letras en un Continental.

Mar. ¿Pero qué vas a decirle a esa mujer?

Herm. Anda ésta. Pues le diré la verdad. «Rica.

mía: Me amenazan con la muerte si voy a tu fiesta, y la verdad, no estoy tan loco por tu belleza que la cabeza vaya a perder por

ti. (A Mariana.) ¡AdiÓS, «Niñón»! y

Mar. ;Te vas? Mira que si en la puerta falsa hay

otrc carbonario... Herm. No creas: me voy con la mosca detrás de la

oreja. (Tocándose.) ¡Toma, pues es verdad!.

(Dándosela a Aceituno ) ¡Ahí va esa mosca!

Aceit. ¡Cobarde! Mar. ¡Cobarde!

Herm. (Herido en su amor propio.) ¿Cobarde yo? Aceit. Sí, eres un cobarde. Y además te quedas sin

el cinco por ciento del empréstito. Son cinco

mil pesetas.

Herm. ¡Venga la mosca! (se ia pega.) ¡Sea lo que Dios quiera! ¡Más crepé para las cejas! ¡Colorete, mucho colorete! ¡Esperad un momento! (sé

sienta delante de un espejo y empieza a retocarse el caracterizado. En el «hall» aparecen TITO, TEJADA y PONTE, seguidos de una tropa de GOLFOS, provistos de antorchas.)

23

Tito Es preciso que todo París se conmueva y se entere de esta conspiración minguista.

Ponte Los hurras deben oirse en el Gutuvay.

Tej. (a Ponte.) ¡Dele usted instrucciones al sex-

teto! (a ios Golfos.) Vosotros aguardad en si- lencio. En ese comedor está el caudillo. La señal para partir será un sombrero arrojado

al alto. ¿Está entendido? (Continúa dando ins- trucciones, y, a su tiempo, entran Tito, Ponte y Teja- da, en el comedor.)

Herm. (caracterizado.) ¿Eh, qué tal? Cejas pobladas...

color sano... el bermellón ha hecho su oficio. Un poco de ojeras me falta.

(Tito llama a la puerta.) ÁCEIT. (Dándole una barra de pintura.) ¡Aquí está el

negro!

HfíRM. (Asustado.) (Ay! (Repuesto del susto, coge la barra.)

¡Ladrón! Tito ¿Se puede? Mar. Adelante, señores, adelante.

Ponte (Entrando.) ¡Hármosa Mariana! Tito (ídem.) ¡Gentil «Niñón!»

Tej. (ídem ) Caballero... (saludos.)

Tito Estupendo, mi «generá.» Ponte Es un calco. Tej. Está hablando.

Tito No hay momento que perder. El coche aguar da a la puerta. Cincuenta «camelots» reco- . gidos en el boulevard de los Italianos, le pre- paran una salida triunfal. Resonarán entu- siastas hurras; una orquesta dejará oir sus sones. Además traemos una banda...

Herm. Que no toque.

Tito Es u n a co n decoración .

Ponte Y cruces.

Tej. ' Y medallas. (Le condecoran exageradísimamente.)

Herm. Me dejo hacer todo lo que ustedes quieran, pero prohibo un homenaje ruidoso.

Tito Es preciso, mi general. Hay que meter

ruido.

Herm . Es preciso lo contrario. Yo salgo sigilosa- mente, disimuladamente, me meto rápido en el coche y ¡arrea, cochero! Ruidos no, que el negro está en la puerta.

Tito ¿Qué negro?

Herm. Un carbonario.

Tito ¡Canijo!

Herm. ¿Qué canijo? ¡Musculoso! Todos los negros

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son musculosos, y eso es lo malo. Salgamos sin que nadie nos advierta. Tito Tiene razón. jChitol

Herm. (por sus condecoraciones.) ¡Te he achicado, Gari- baldi! ¡Que no se oiga el aleteo de un mos- quito! ¡De puntillas, camaradas!

TlTO VamOS. (inician el mutis muy en silencio.)

Herm. Voy digno, ¿no? ¿Me falta algo?

ACELT. (Por el jipi que tiene Hermoso en la mano.) Te bObra

eso. ¡Tíralo, cobarde! Herm ¡Tienes razón! (Tira el jipi ai aire.) Golfo l.o ¡Viva el general nguezl Golfos ¡¡¡Viva!!!

(Ataca la orquesta.)

Golfo l.o ¡Hurra, hurra, hurra! Golfos ¡Hurra, hurra, hurra! Golfo l.o ¡Viva el Presidente del Gutuvayl

HERM. ¡Muerto SOy! (Cae desmayado en brazos de Tito y

Tejada que se lo llevan,)

Golfos ¡Viva!

(Música y telón rápido.)

FIN DEL SEGUNDO CUADRO

Intermedio musical

25

CUADRO TERCERO

Jardín del palacio de los señores de Rodríguez, en París. Al fondo y a la izquierda, pabellones. Gran verja y cancela de entrada a la derecha. Entre los pabellones del fondo y de la izquierda, térmi- nos practicable, como lo son también los primeros términos iz- quierda y derecha.

(Al levantarse el telón están en escena TOTÓ, INVI- TADA 1.*, RODRÍGUEZ, el DOCTOR LÓPEZ, INVITA- DO 1.°, INVITADAS E INVITADOS. Todos muy tris- tes, se ponen los abrigos y se despiden del dueño de la. casa, señor Rodríguez, y de su sobrina Totó.)

Dr. Lop. (a Rodríguez.) Era de esperar. El cerebelo fa- tigado, el alcohol, alguna francesilla... Era de esperar.

Inv. l.o ¡Pobre Presidentel

Dr. Lop. ¡Lástima de fiesta!

Rod. Otro año contrato al campeón de greco- romana.

"Totó ¡Ay, sí, tío; aunque sea negro! Rod. ¡Sobrina!

Inv. 1.a En fin, señor Rodríguez. . (Despidiéndose.) No

le digo a usted nada. Dr. Lop. (ídem.) Lo mismo digo. Inv. l.o (ídem.) Igualmente.

C RIADO (Saliendo y anunciando.) S. E. el General Mín-

guez.

"Todos ¡ Ay! ¡ Ay! ¡ Ay!

(Gritos, carreras y desbandada general. Se apagan las luces.)

(Queda la escena sola y aparecen por la derecha HER- MOSO, TITO PONTE, TEJADA, ACEITUNO y MA- RIANA )

HERM. (Extrañado del recibimiento.) ¡Carayl La huida de

Napoleón en las estepas de Rusia, fué una especie de <en seguida vuelvo», comparada con esta fuga. Yo voy a ver por qué les he producido ese efecto galopante. Tito No, general; iremos nosotros. Quédese aquí un momento. ¡Verdaderamente, es extraño! Vamos.

(Hacen mutis por el pabellón de la izquierda todos menos Hermoso.)

lÍERM . (Los ve marchar e inmediatamente se encasqueta e l

28

sombrero, se abrocha chulonamente y dice:) ¡Como

que yo no me voy a enterar antes que na- die!

(inicia el mutis hacia el pabellón, cuando muy asus- tado* y cogiditos del brazo, aparecen en la puerta JO SEFINITA y PEDRITO, dos mequetrefes enclenques jr muy elegantes.)

Ped. ¡Chist!... ¡Caballero!

Jos , ¡Caballero, por favor!

Ped. ¿Anda por ahí?

Jos. ¿Podremos talir sin miedo?

Herm. Ustedes verán. (¡Ahora me entero!) Jos. (Avanzando.) ¡Ay, Pedrito!

Ped. Calla, Pepita mía. ¡Moninal ¡Encanto! ¡Pica-

tostín!

Jos. ¡Ay, Pedrito! (a vanzan con mucho miedo.)

Ped. ¡Sol!... ¡Lucero!... Estrella!... ¡Aerolito mío!

Jos. ¡Pedrito!

Herm. ¡Pedrito: estorbo me quito!

Ped. Caballero, es que estamos recién casados y

nos hemos llevado un susto... ¡Pobrecita

mía!

Herm . Pero, ¿qué ha pasado?

Ped. Nosotros estábamos en la terraza; no lo he-

mos visto, pero dicen que ha venido.

Herm. Pero, ¿quién?

Ped. El general Mínguez.

Herm ¿Y qué?

Ped. ¡Que se ha vuelto loco!

Herm. ¡Refrenólogo! ¿Quién le ha dicho a usted eso?

Ped. Ya sabe ueted que se decía que al general

le habían prohibido el uso del alcohol, por- que podría ocasionarle serios trastornos mentales. Una gota y la camisa de fuerza. Bueno, pues cuando todos le esperábamos, llega un periodista diciendo que en no qué solemnidad le habían dado unas copas y que ¡el delirio!... ¡Veinte disparos! ¡Veinte muertos! ¡París se ha horrorizado! Herm. ¡Qué bestia!

Ped. Figúrese usted: la fiesta suspendida; nos-

otros, que ya no lo esperábamos y ¡zás! el general que llega. ¡Con lo salvaje que es y loco!

Jos. Vámonos, Pedrito.

Ped. Por supuesto, que sea o no sea verdad, de

aquí no sale. Se da por seguro que rodean

27

la casa y ee han introducido en ella, con el fin de asesinarle, los hombres de la raza ne- gra de su país.

HERM, (Temblando más que los mequetrefes.) ¡LOS Carbo-

narios, Pedrito, los carbonarios!

Ped. No tema usted: mientras antes lo maten,,

mejor. ¡Está chirlado!

Herm. ¡Verdugo!

Jos . ¡ Vamos, Pedrito!

Ped. ¡Vaaamos!

(Vanse, muertos de miedo, por la derecha.)

Herm. (Temblando mucho.) El... el sus .. susto que yo podría darles a estos torto... tortolitos, era como para cinema... cinemamama... cine» matografiarlo. El mío, tampoco es para an- dar por la cuerda floja! Yo no me estoy

aquí Yo me escondo, (inicia el mutis por el

fondo izquierda.) ¡Repicón, qué obscuro está el bosque! Con esta lobreguez, cualquiera dis- tingre a Un negro. (Cogiendo dos farolitos de los que alumbran el jardín.) |Ah, qué idea más lu- minosa! (Echando a andar.) Bueno; si me en- cuentro un invitado, me ve, se cree que soy Mínguez, y se fija en este titileo de los faro- les, se va a llevar tartamudeando una quin- cena. (Vase por la izquierda.)

(Salen del pabellón de la izquierda TITO, PONTE, TEJADA, MARIANA, ACEITUNO, y asoman la cabeza muy medrosos RODRIGUEZ, TOTÓ, el DOCTOR LÓPEZ, JACINTO, que es un criado, y dos CRIADOS negros.)

Tito Salgan ustedes. No hay cuidado.

Rod. Usted dirá lo que quiera; pero no me con-

vence. Lo mejor es mandarle cuatro negros y que lo aten. ¡Pancho!... ¡Tulo!... Amarrad- le. (Se van los criados corriendo por la izquierda.)

Mar. ¡Esto es un atropello!

Tito No podemos consentirlo.

Aceit. Vaya, que lo reconozca un médico.

Tito ¡Que no está locol Es preciso que se desva- nezca esa duda. ¡Lo exijo en nombre del Gutuvay!

Rod. Bueno; que le reconozca el doctor Jabato,

que es un hombre que ha luchado en las Pampas con las fieras. Jacinto: a decirle que si quiere; está tomando ajenjo en la te- rraza.

(Vase Jacinto, pabellón izquierda.)

Tito Caballero; el general Mínguez es una perso-.

2 '8 -

na civilizada. En cambio, el piel roja que le trajeron a usted en otra de estas fiestas, se les subió aun árbol y tuvieron ustedes que darle el champán con manga. ¡Valiente per- senaje! El general Mínguez representa la justicia dentro de la revolución y la revolu- ción dentro de nada, porque esta noche se planeará y allegarán recursos, todo aquí misino, en este hotel, que pasará a la histo- ria... Y quién sabe si el amor disparará su dardo y caerá el general prisionero de algu- na dama bella.

TOTÓ ¡Ay, qué bien! (Suspira y se pone tierna.) ¡ Ay,

no estuviera loco! "Tito ¿Y ei lo estuviera por usted, señorita? Totó ¿Pormí?¡Ayl Tito (¡Esta niña es tonta!)

JRod. Permítame usted que le diga, que a pesar

de mis deseos de casar a mi sobrina con una figura palíente, estcy ya ligeramente esca- mado de estos caudillos que me contratan. Seis fiestas llevo, seis proceres, seis fiascos y este loco de remate.

Tito ¡¡No lo está!!

Totó (compungida.) Tío, se pone usted siempre en lo peor.

Tito Ese es una persona decente y no el jefe ci- payo del anterior.

Bod. ¡No me lo recuerde! Contaba que en su tri-

bu se apreciaba más que una cabeza de ja- balí con gelatina, un solomillo bajo de tu. rista inglés.

Totó Pero se enamoró de como un salvaje.

Recuerdo que me dijo un piropo, algo atre- vido; pero muy sustancioso: c¡Qué bocado tiene usted en el cogotp!» ¡Ay, me dió un escalofrío!

Ron. (aparte a Tito ) (¡Yo no quiero quitarle la ilu- sión a mi sobrina, pero lo mismo me dijo a mí.)

(Vuelve JACINTO.)

Mar. ¿Qué? Totó ¿Qué dice?

J/c. Dice que le reconocerá, pero tomando pre

cauciones. Ha montado un revolver y se ha ido al botiquín a preparar un sello de bro* muro.

TEJ. (Mirando hacía la izquierda.) Ahí viene.

(Consternación; se van asustados, por el pabellón, Totó^ Rodríguez, López y Jacinto.) . MAR. (Siguiéndoles, con los demás.) |PerO, por Dios!"

¡Por qué ese miedo! (Mutis.)

("Vuelve HERMOSO con sus dos farolitos.)

Herm. Me he quedado sin gota de sangre. ¡Dos- carbonarios! ¡He visto dos berrendos en ne- gro! ¡¡Mi madre!! Estuve por tirarles un fa- rol; pero les he dado un recorte y van que bufan. O cambia la suerte o dejo de ser el

Presidente. (Saca un pañuelo verde y se limpia el sudor, sentado en uno de los sillones de jardín que- hay a la derecha, dejando los faroles en el suelo y adoptando Una seráfica y beatífica expresión de ima- gen.)

(Sale por la izquierda, pabellón, el DOCTOR JABATO,, que es negro, con todo género de precauciones. Trae- una mano en el bolsillo de la americana.)

Dr. Jab. (con acento americano.) Ahí está el enfermo.

iQué tranquilidad] ¡Este hombre no está, alienado! (Muy bondadoso.) ¡Si parece un san- to! (Se acerca con precaución) ¡Bah; no hay cuidado!

HERM. (Lo ve, da un salto y un grito.) ¡¡Ahü

Dr. Jab. (Se asusta, saca una pistola y da otro grito.) ¡¡Ahí!

fíERM. (Temblándole hasta la mosca.) ¡Aaah!

Dr. Jab. ¡Arriba las manos! ¡Quieto ahí! ¡Siéntese

usted! (Hermoso quiere hablar y no le sale la voz^ Con les manos en alto y flaqueándole las piernas^, parece que baila un garrotín. Por fin, se sienta.):

Vengo a reconocerle a usted. Herm. ¡Yo, no soy yo! ¡Usted está equivocado!

Déjeme usted que me arranque los pelos.. „-

(intenta quitarse los postizos.)

Dr. Jab. ¡Manos en alto!

HERM; (En un lamento y con muchísimo miedo.) ¡Déjeme

usted que me quite los pelos!

Dr. Jab. (Siempre apuntándole con el revólver.) ¡Quieto!

Herm. ¡Por su madre de usted, que yo no soy el

Presidente! (Queriendo arrancarse la mosca.) Me

voy a quitar esto... Dr. Jab. ¡Quieto! Va usted a quednrse más feo de lo que es.

Herm. Caballero, 'que esta mosca no es mía; que yo no tengo estas cejas tan pobladas; que yo no tengo este entrecejo. ¡Que yo soy Hermoso!

Dr. Jab. ¡Atiza! ¡Pues no dice que es guapo! ¡A ver si

80 -

la Sugestión!... (imperiosamente.) ¡Siéntese! (Her- moso obedece.) Tómese este sello. (Presentándole uno )

Herm. ¡Miserable!... ¡Me vas a envenenar!

Dr. Jab. (Paternalmente.) Vamos, Vamos.

Herm. jSi, sí; dame cobal Ya adivino tus propósi- tos, hiena! ¡No tengo escape! Traes esa pis- tola para el exterior y este sello para el in- terior. ¡Me franqueas para el otro mundo! ¡Asesino! (Enérgicamente.) Pues bien, no; pre- fiero una bala.

Dr. Jab. (Apuntándole.) ¡Sea!

ÜERM. J¡Ñoü Venga el sello, (se lo pone Jabato en la

lengua, y Hermoso se lo traga.)

Dr. Jab. (Respirando tranquilo.) ¡Gracias a Dios!

Herm. ¿Cuándo me muero, verdugo? (Muy lamenta ble.) Debo estar en la agonía/

Dr. Jab. No se muere usted, amigaso. (Guardándose el revólver.) Lo que pasa es que se ha tomado usted un sello de bromuro que le adorme- cerá para una temporadita. Invención mía, caballero. Eso le dará la vida.

Herm. ¡Cómo la vida! Pero ¿usted no desea mi muerte? ¿Pero usted no es un carbonario?

Dr. Jab. Soy el doctor Jabato.

Herm. ¡El doctor Jabato!. . (se levanta.) ¡Una emi- nencia médica! (Bosteza.)

Dr. Jab. ¡Este tío no está loco!

Herm. ¡Abráceme, eminencia! (Bosteza.)

Dr. Jab. Le he dado a usted una especie de la nana en polvo. Se va usted a dormir como una marmota, y usted perdone.

Herm. Hombre, déme usted algo para que me des- pabile. (Bosteza.)

Dr. Jab. Imposible. Hasta la dosis de diez gramos se puede combatir; pero se ha tomado usted un sello de veinticinco.

HERM. ¡Nos ha Certificao! (Queda dormido en los brazos

de Jabato, que le conduce a un sillón. Jabato, una vez convencido del sueño, llama y van apareciendo por distintos lados MARIANA, ToTÓ, INVITADAS, RO- DRIGUEZ, TITO, TEJADA, PONTE, ACEITUNO, el DOCTOR LOPEZ, INVITADOS y CRIADOS.)

Música

Dr. Jab. ¡Se durmió! ¡Ya se durmió!

Roo. (Receloso.) ¿No hay cuidado?

81

Dr. Jab: No hay cuidado,

Vengan, vengan. Todos No; yo, no.

MARIANA (Acercándose a Hermoso y viendo su sueño.)

Tito f (Nos lo ha narcotizado! Ponte , ¡Nos hemos divertido! Tejada í Del susto que le ha dado, Aceituno ' si no nos lo ha matado,

lo tiene sin sentido.

I Cual un ceporro está!

¡Se fastidió el país!

Con este Roque, ya

no hacemos ni un mal Luis.

"TODOS (Acercándose poco a poco.)

Salgamos con prudencia. Salgamos sin jactancia. Del médico la ciencia se impuso a la demencia. Mas nada de arrogancia y atemos la impaciencia, que el caso es de importancia y todo es de temer.

(Entra un PERIODISTA precipitadamente por la de- recha.)

Hablado con música

Per. ¡Señor Rodríguez!... ¡Señores!... Ha sido un

canard; el Presidente no enloqueció ayer.

Dr. Lop. Pere, ¿no fué usted el que trajo la noticia del periódico?

Per. El telegrama publicado anoche decía: «Su-

resnes, siete tarde. Presidente Mínguez dié- ronle tres copas. ¡El delirio! Veinte disparos. Veinte muertos.» Vengo del periódico: no hay nada de eso. El general no ha enloque- cido por alcoholismo, sino que ganó ayer tres copas en el tiro de pichón, haciendo veinte blancos y produciendo el delirio en el público.

Totó ¡Viva el general!

TODOS (Dando grandes gritos.) ¡Viva!

Per. ¡Ah! ¿Pero es éste? (Gritándole ai oído.) ¡Viva!

Todos ¡Vival

HERM. ¡Rediez! ¡Rediez! (Le cogen en volandas los cria-

dos.) ¡Me ha llegado ya mi vez!

32

Cantado

Todos ¡Viva el general!

¡Viva el campeón

sin rival;

nuevo Napoleón!

Todo él Gutuvay

cifra en el su fe,

porque sin él

no hay de qué.

¡Gloria perenne!

¡Gloria radiante,

cíñale París!

Nuestro vítor solemne

llegue pujante

hasta su país. Herm. Pues señor, bueno;

¿qué es lo que irán

a hacer de mí?

TODOS (Haciendo mutis por la izquierda, llevándole en vo^ landas.)

¡Viva el general! Etc., etc.

(Quedan solos en la escena RODRIGUEZ y dos CRIA- DOS.)

Hablado

Rod. A ver, listo, pronto; que vuelvan a iluminar estos jardines y dispongan esta plazoleta para la fiesta.

(Vase un Criado, y a poco se encienden las luces. Sale JACINTO por la derecha.)

Jac. Señor: tres caballeros, preguntan por usted.

Rod. ¿Han dado tarjeta? ¿Traen invitación? Jac. Ni lo uno, ni lo otro. Dicen que son tres ge.

nerales.

Rod. ¡Que pasen, animal! (vase jacinto.) ¡Oh, que

renombre van a adquirir mis fiestas en el París mundano.

JaC. (Vuelve a aparecer y anuncia.) Aquí vienen. (Se

retira. Entran tres cabecillas del Gutubay, que vienen con el pelo de la dehesa, o de la Pampa, Se llaman ZANDUNGA, MANDANGA y ZANGUANGO. Hablan con deje americano.)

33

Música

ZaND. (Presentándose a Rodríguez.)

¡Er generá ZanduDga!

MaND. (ídem.)

¡Er generá Mandanga!

ZaNG (Idem.)

¡Er generá Zanguango! Los tres Los tres de la Fampanga.

Recién llegados del Gutuvay, . caudillos de la revolución, somos chacales, somos leones, lo más bizarro aV la nación. Nuestros oídos han escuchao la cariñosa salutación con que los negros han celebrao de los contrarios la destrucción. Después del fuego de la batalla y al hombro ya el fusil, oiga usté el himno de la victoria que me han cantao a mí.

Tu guara-rajao gnajito

de la guacanaya.

Guacanajajito,

tema chiribé. ¡Ay, carataché! ¡Duro con él ¡Juye! ¡Ah! ¡Je! ¡Anda con é!

Zand. A usté le dará lo mismo.

Mand. Usté quizá no lo entienda.

Zang. Pero esto es patriotismo.

Zand. A vengo decidió

y usté se tié que agnantá. No venga usté con jonjana y saque ar generá. No hay más que hablá. Soy Zandunga. Soy mu fiero.

Caballero. No me mire usted asi, que no respondo de mí. Mand. Usted ha hecho un desatino

trayendo aquí ar generá, sabiendo que no es un bicho de a diez centavos la entrá. Soy Mandanga. Soy un sargo.

3*

¿Digo argo? O usté me da ar generá o lo va a pasá muy mal. Zang. No se ponga usté terrible

que es una temeridá. Háganos usté el orsequio de que sarga er generá. ¡Pero que ya!

Los tres Recién llegados del Gutúvay, caudillos de la revolución, somos chacales, somos leones, lo más bizarro de la nación. En cuanto sarga nos lo llevamos, que er Gutuvay lo espera ya, y en cuanto ponga er pie en la playa er himno heroico resonará. Tu guara-rajao-guajito, etc., etc.

Hablado

Rod. (Temeroso.) [Caballeros!... (Yo no le aviso; ha- blaré antes con los diplomáticos.) Serán us-

tedes Servidos. (Entra en el pabellón izquierda.)

Los tres (Despidiéndole.) {Caballero!... . Zand . Es que no pué sé. Zang. Hay que llevárselo. Mand . Pero ahoritita.

Zand. Er Presidente no puede divertirse, jorongo.

Zang . Está delicao; es una caña cimbreante.

Mand . A lo mejó le dan vino y le güerven loco.

Zand. Y menos ma que en la Legasión nos han dicho dónde estaba y a las tres horitas de llegá a París hemos dao con é. (Muy sentido.) ¡Pobre generá!

Zang. (ídem.) ¡Pobresito generá!

Mand. (ídem.) ¡Ay, mi generá!

Zand. Lo contento que se va a poné en cuanto sepa que ya está to preparao y que nos lo llevamos ar Gutuvay para dar el grito.

Zang. (Muy alegre) ¡Guapo generá!

Zand. (ídem.) ¡Viva er generá!

Mand. ¡Ay, mi generá!

ZaND. Ya Sale. (8e retiran respetuosos a la derecha y salu-

dan militarmente.)

(Sale del pabellón izquierda HERMOSO, tropezando en

35

Herm

Mand,

"Zand. -Zang. Mand.

Zang . Zand.

Herm

Zand. Mand. Herm . Zand. Herm . Mand,

Herm.

Mand, Herm,

Zang. Mand.

Herm.

Zand.

Herm.

todas partes, medio dormido y sin ver a los guaca mayos.)

¡Que me rieguen con café, que me amodo- rro! {Socorro, que me duermo! ¡Auxilio, que

no me dejan dormir. (Se sienta a la izquierda y se dispone a dormir.)

(Con muestras de gran desesperación y con muchísimo

sentimiento, casi llorando.) ¡Ya ha bebió er Gene- rá! ¡Ya ha bebió!

¡Compadre, y qué gordito 6e ha puesto! ¡Si no párese él!

Chitito y vamos a cantarle el hirno pa que

se cuenta.

Verá qué sar*o pega.

¡ A una! (Muy por lo «bajini» se acercan rodeando a Hermoso mientras cantan.)

Tu guara-rajao, rajito, de la guacanaya. Guacanajayito. Toma chiribé. ¡Ay, carataché! ¡Duro con él

¡Juye!

¡Ah!

¡Jé! ¡Anda con é!

(con ios ojos cerrados.) ¡Bendito sea el poder

divino! ¿Quiénes serán estos señores que me

están cantando la nana?

¡Con dursura, Zanguango!

(con mucho mimo.) Genera: ¿ha bebió?

Dejarme.

(ídem.) ¿Ha hecho usté el burro?

(suplicante.) ¡Una cabezada, por Dios!

Le traemos la gran notisia: la nasión está

dispuesta a levantarse.

Que la acuesten.

La nasión está por usté que se pirra. Pues si la nación se pirra, yo me aceporro, me alirono. ¡Soy una marmota! ¡Soy un lirón!

(con mimo.) ¿Qué ha hecho París con usté? (ídem.) ¡Con usté, que nadie le ganaba a des- pabilao!

Pues esta noche nadie me gana a lirón. ¡Qué voz tan durse! ¡Párese que canta!

(Entre sueños.) ¡A lirón!... |A lirón!... (Zanguango

- 36

le da unos golpecitos en las piernas, Hermoso se des- pierta, y al soltar los otros una carcajada se levanta,

asustado y quiere huir.) jAy! jLos carbonarios! Zand. (con alegría.) ¡A nuestros brazos, Presidente!

(Le abrazan y estrujan; Hermoso está sin habla.)

Zang. Somos leales; acabamos de llegar del Gutu- vay; venimos por vuecencia.

HERM . (Sin salirle la voz.) ¡Socorro!

Zand. Ya está to listo allá; vamos ar tren.

Herm. (Sin salirle la voz.) ¡Socorro!

Mand. (keteniendo a Hermoso que trata de huir.) Pero, ¿e8

que rio quiere vuecencia dar el grito?

HERM. (Muerto de miedo y sin salirle la voz.) Sí; pero no

puedo.

Zand< jYnos habían dichoque es'aba usté en Suiza! Zang. ¡A ve si es argún enemigo que está suplan-

tando su figura pa desprestigiarle! Herm. (¡Estoy perdido!)

Mand. Gracias a que uí-té no se nos despinta. ¡Si tuviéramos al otro delante, le hacíamos ha riña.

HERM. (En un grito.) ¡Salvado! ¡Calvado! (Dándose ya

importancia, mucha importancia.) Ustedes SOD IOS

que están tan desconocidos que yo no los reconozco.

Zand. ¿Cómo . que no? (presentándose.) ¡Er generá Zandunga!

Herm. ¡Anda salero! ¡Espera, que me parece que tengo una idea!

Mand. (presentándose.) ¡Mandanga!

Herm. La tengo, la tengo.

Zang. (presentándose.) ¡Zanguango!

Herm. ¡A mis brazos, bravos guerreros! (a Zandunga.)

fuiste el que... ¡Ah!... ¡Oh!... En medio del fuego te pusiste... ¡Ah!... ¡Huyeron!

Zand. Yo fui el que se apoderó de los planos com- prometedores que se llevó la mona amaes- trada de un espía.

Herm. Mira, de eso que no me acuerdo.

Zand. Tuve que subir a arrancárselos a lo alto de una chimenea. Soy el cabecilla del Guaday.

Herm. ¡Ven a mi seno! INo estaba enterado. ¡Hay que ver: coger una mona en lo alto de una chimenea! ¡ Valiente cabecilla!

Mand. ¡Yo fui er que luchó er verano pasao con do?e pieles rojas!

Herh. También te mereces un abrazo. ¡Luchar con pieles y en verano! Te recompensaré. ,

m 37 -

"Zand. Pues estarnas dispuestos a cometer otras tantas heroicidades, por llevarle a usté a la madre patria.

Zang. Er viejo mundo, mi Generá, no le conviene.

Le pervierte a usté, le desprestigia. Mand. (Enérgico ) Hasta er Gutuvay ha llegado la

noticia de su desenfreno y esto no se puede

tolerá.

Herm. ¡Oh, mis desenfrenos! jSon bagatelerias!

Zand. Nos tienen a todos por unos borrachínes y la burla se extiende. Hace años, los dibu- jantes simbolizaban nuestro partido pintan- * do cuatro espadas enlazadas, y ahora en vez de pintar espadas, pintan copas.

Herm. ¡Arrastra a esos sinvergüenzas!

Mand Dispóngase a partir, Generá; a la una sale er tren.

Herm. No; dejadme, dejadme en París llorándolos

remordimientos de mi conciencia. > Zang. No, señó.

Herm. Oye, Zanguango; ¿aquí quién es el Presiden- te? Te digo que no voy y hemos terminado. Zang. Razones de Estado... Herm . Yo soy el Estado. Zang. Razones de partido... Herm. Es que el partido soy yo. Zang Si usté deserta de su debé, le formaremos

juisio SUmarísimO (Sacando un revólver.) y le

mechamos.

Herm. Zanguango, guárdate ese mechero. Pero, ¿cómo os habéis podido figurar que yo no iba al Gutuvay? Ha sido una broma para probar el temple de mis Generales. ¡No tu- viera más que ver! Me debo a la Nación.

Mand. ¡Qué alegría, General! Por fin daremos el grito. Usté es nuestra cabeza, y sin usté nada podíamos hacer.

Herm , Pues claro, Mandanga. ¿Cómo iban ustedes a dar el grito sin cabeza?

Z nd. Vámonos ahora mismo, Generá.

Herm. No; ahora mismo, no. (¡Yo me escapo!) Un cuarto de hora nada más; lo suficiente para que se cubra el empréstito que hacen los de la Legación a favor de la causa. Ya hay cin- cuenta mil francos para la guerra.

^ang. ¡Generá, qué dicha!

Hepm . Nada, nada; tendréis fusiles, tanques, ame- tralladoras...

38

Mand.

Herm.

Zand.

Herm.

Zang.

Herm.

Los tres

Mar. Zang. Herm

ACEIT,

Herm.

Mar.

Herm.

Tito

Herm Rod.

Herm.

Rod. Herm,

Zang.

Zand.

Mand,

Zang.

Zand.

¡Brindaremos por la revolución!

Y tendréis aviones, submarinos... Brindaremos por la Patria.

Y tendréis bombas de mano. Hay que beber champán.

Y tendréis gases. tViva el Gutuvay!

(Mientras Hermoso baila en el centro.)

Tu guara-rajao-guajito, etc., etc.

(Salen del pabellón MARIANA, ACEITUNO, TITOr,. PONTE y TEJADA.)

Oye, Hermoso; que te están esperando. Mirá la Pancha, y le llama hermoso.

(Haciendo la presentación.) Señores diplomáti- cos... Señores Generalee .. La diplomacia del Gutuvay... La milicia gutu vayera .. (Forman.

grupo a la derecha, se saludan y fingen hablar.) ¡Ay,.

Aceituoito de mi corazón! ¡Ay, Mariana de

mi alma, que me llevan al Gutuvay!

{Atiza!

Lo que oyes.

Pero, ¿qué vas a hacer allí?

Voy a dar un grito, que sabe Dios si será el

último de mi vida.

(En su grupo. ) La diplomacia, de acuerdo con la milicia. Ustedes deben llevarse a ese hom- bre en seguida; nosotros remitiremos les fondos.

(¡Ay, qué tíos!)

(RODRÍGUEZ, que momentos antes ha salido del pabe- llón de la izquierda, se acerca a Hermoso.)

Presidente: en el salón reclaman su presen- cia. Antes del champán de honor, unas baila- rinas rusas quieren ofrecerle un baile pan- tomímico: «Sonrisas y rosas.» ¡A ver, a ver! (|Yo me escapo!) ¿Ha dicho usted que sonrisas y rosas o que son rusas y risas o que son rosas y rusas? «¡Sonrisas y rosas.»

Bueno; ¿pero son risas, son rosas o son ru- sas? Eso no está claro, (a íes Generales.) Voy a enterarme; esperar aquí, (vase corriendo.) De ninguna manera. ¡Duro con él j.Juye! ¡Ah! ¡Je!

¡Anda con é! (Mutis todos corriendo tras Hermoso,,, por la puerta del pabellón izquierda.) i

39

Aceit. ¿Pero es verdad que se lo llevan al Gutu- vay?

Tito Pues claro.

Ponte No hay más remedio.

Tej. La diplomacia nada puede hacer.

Mar. Pero, señores; ¿están ustedes locos?

Rod. ¿Cómo que se lo llevan? ¿Y en plena fiesta?

Ustedes lo impedirán. ¡Un contrato, es un

contrato!

(Sale TOTÓ contentísima )

Totó ¡Ay, tío! Se ha despedido de mi con lágri- mas en los ojos y me ha dado su retrato.

Rod . ¡Su retrato! (lo coge.) ¡ Ahora que no se va de ninguna manera! (Mirando el retrato.) ¡Calla!... ¡Y te lo ha dedicado!

Mar. (Fijándose.) (¡Atiza!... ¡El retrato que Mínguez me dedicó en el Gutuvay! ¡María Santí- sima!)

Rod. (Leyendo.) «A mi Mariana Pérez, mi quinta pafeión, para que rabien la Goya, la Lulú, la lórtola y la Niña de los Peines.»

Totó ¡Ay, tío de mi alma!

Rod. (a Tito.) ¡Caballero, esto es una burla! ¡Este

hombre es un cómico! Aceit. (¡Ya lo han conocido!) Rod. ¡Esto es tomarle el cabello a este ángel y

exijo una explicación inmediatal Totó (Llorosa.) Otros corazones me han tomado la

delantera.

Tito El General es dueño de sus preferencias.

Rod. (a Totó.j [Pero qué delantera (a Tito.), ni qué General, ni qué preferencia! (Hecho una furia.) ¡Ea, ya estoy harto de contratar caudillos que pasan aquí una noche salomónica y luego me dejan la sobrina neurasténica! Este

me las paga por todos. (Van saliendo todos los personajes que toman parte en el cuadro.) ¡El escar- miento será público!

Tej. Pero, ¿qué va usted a hacer?

Rod. Procuraré que me desafíe.

Ponie No va a querer.

Rod. ¿Cómo que no? Después de ofrecerle el champagne de honor le daré una bofetada, y a ver qué va a hacer.

Tito Va a hacer un guiño.

Rod. ¡Siga la fiestal

Aceit. ¡Qué salvaje!

(8ale del pabellón HERMOSO, seguido de los GENERA-

40

LES. Los invitados han tomado asiento al lado de unas mesitas que rápidamente ponen los Criados. Rodríguez, con un gesto de vinagre, se sienta en primer término, a la derecha, con su sobrina. Detrás, de pie, se colocan ZANDUNGA, MANDANGA y ZANGUANGO. En primer término izquierda, HERMOSO, con ACEITUNO, MA- RIANA, el DOCTOR JABATO y su colega LOPEZ. TITO, PONTE y TEJADA, detrás y en pie.) ACEIT. (A Hermoso, on cuanto sale.) ChÍCO, te la has bllS-

cao.

Herm. ¿Por dónde me iría yo? Mar. De aqr.í no sale?. Herm. ¡Mariana!

Aceit. Rodríguez quiere batirse contigo; prepárate porque cuando te ofrezca el champagne te vo a pegar una bofetada que te va a romper las muelas. veiás cómo te las compones.

Herm. Eso no tiene compostura... ¿De manera que primero un bofetón y después al Gutuvay? Antes me hago berebere. ¡Ahí Ya encontré la salida. ¿No dicen que una gota de alcohol puede producirle al General Mínguez la lo- cura? Pues ya está: en cuanto me den una copa de champagne, me suelto el pelo, me hago el loco, grito: «¡Ah!... ¡Sil... ¡La estepa!... ¡A ellos!... ¡Venga estopa!...» Y a la calle.

Mar. Calla, que nos están mirando.

Rod. (a Mariaoa.) Señorita, tendríamos mucho gus- to en oirle a usted una canción americana, puesto que se trata de un homenaje al Pre- sidente del Gutuvay.

Mar. Tiene razón. Yo una que allá se canta y se baila en la buena sociedad. Se llama «El jarabe Tapatío». Si alguno de ustedes quiere acompañarme...

Dr. Lóp. ¿No la sabe el Presidente?

Herm. (Muy decidid >.) Ya lo creo que la sé.

Zand. No baile el Generá.

Mand. No cante que ouede perdé su vo presiosa,

Herm. Varaos, quita; no seas pelmazo. Daré el gri- to por señas. Venga de ahí, Mariana.

Música

Mar. El jarabe Tapatío es un danzón. Herm. Que se baila bajo el sol de mi nación. NinÓw Y a la sombra del bohío

el caler prende un deseo.

41

Herm.

Zand. Mand. Zang.

Mar. Herm . Mar. Herm . Mar. Herm . Mar. Herm. Los DOS

Y me pide el amor mío el jarabe Tapatío.

(Gritando.) ¡Juy! ¡Mi niña!

¡Tapatío! ¡Guarajaol I¡Ayü

(Baile.)

Esta danza, además, tiene coplas, Que en las fiestas entonan los negros.

Y en las coplas los muy sinvergüenzas, Pues le toman el pelo al gobierno. Unas veces se arrancan cantando Cuatro frescas contra el ministerio.

Y después de cantarles las fre3cas. Pues se quedan los negros tan frescos.

Ven a mí, chiriguachipachí, mueve ya el guanají,

ven a mí, chiriguachipachao, mueve ya el guarajao. No me des pulke curao porque estoy emborrachao.

Mar. A la sombra de un plátano verde,

Herm. A un neguito una nega quería.

Mar. Con dulzuras, y mimos y fiestas,

Herm. Ay, Domingo, Domingo, decía.

Mar. Aparece el esposo y exclama:

Herm. «Esas fiestas a él, ¡retepingo!»

Mar. Y ella así le repuso: i Ya sabes.»

Herm. «Que las fiestas son para el domingo.»

(Bailan.)

Los dos Ven aquí,

etc., etc.

(Durante este número los Criados han descorchado el champagne y lo sirven.)

Hablado

HERM . (Cogiendo una copa de champagne.) Venga mi

copa.

Dr. Jab. ¿Vuecencia olvida que no puede beber al- coholes? Tome vuecencia: zarzaparrilla. (Le

da una copa.)

—•42

Zang. A ver, a ver. (prueba el liquido.) Si, zarzapa- rrilla.

Dr. Jab. Prever es curar. Herm . jPues me ha¿ matao!

Rod. (Avanzando con una copa en la mano. Todos rodean*

el grupo.) Señor Presidente. Herm. (¡Ya está aquí el bofetón!) Rod. (En tono oratorio.) Señores: alzo mi copa y voy

a atizar... Herm. (¡Mi madre!)

Rod. ... el fuego de nuestro entusiasmo. Y delante de todos voy a dar al Presidente Mínguez...

HERM. (Poniéndole la copa de zarzaparrilla en la mano libre,

de modo que Rodríguez se encuentre con las dos ma- nos en alto y en cada una de ellas una copa ) ¡Va- mos, hombre! ¿Usted qué me va a dar a mi? ¡De dónde! Yo soy el que le va a dar a usted todo lo que se merece, en nombre de mi

nación agradecida. (Se descuelga todas sus conde- coraciones.) Ahí va. La medalla del Horizonte Abierto, la cruz de Puerta Cerrada, la cruz Blanca, la Cruz Roja, la Cruz Verde, la Cruz del Campo y la Banda Municipal, (se las pone.)

Rod. (¡Me ha desarmado!)

Herm. La sota de copas. (En orador.) Y ahora, seño- res, el último adiós . Permitidme que antes de marchar pronuncie unas frases, como pueda, porque las lágrimas velan mis ojos, porque la angustia traba mi lengua y... (En

«latiguillo» y en «camelo».) la Congoja Oprime,

mi corazón como el mar la espléndida playa del bote náufrago sube y baja, gime y cruje y velato la varenta sin gorondo ni patinda de una aurora boreal!! Dr. Jab. ¡Bravo! (Aplausos.)

(8ale JACINTO trayendo una tarjeta en una bandeja.) JAC. (A Hermoso.) Señor, Un Caballero... (Le entrega

ia tarjeta.)

HERM. (Leyendo.) ¡¡Colofón!! (Leyendo a Aceituno.) «Soy

el auténtico Presidente Mínguez. He llegado a París. Saludo a mi menguado suplantador y le espero en el vestíbulo. Sal, villano, sal.»

(Deja de leer.) ¡Azúcar!

Dr. Jab. Venga el discurso; siga vuecencia.

Zang. Generá, nos joroban las ceremonias. En el

vestíbulo esperamos. Herm. No, en el vestíbulo, no.

43

Zang. Sí, Generé; vamos andando. Dr. Jab. Por aquí.

("Vanse por la derecha Zandunga, Zanguango, Mandan- ga y el Doctor Jabato.)

Herm. Reza por mí, Mariana. Aceit. No te achiques.

Herm. ¿Quién? ¿Yo? «Señores: Agradecido al ho- menaje, yo os digo que he echado raíces aquí; yo os digo que no quisiera marchar- me. ¡Qué digo no quisiera! Lo que os digo muy seriamente es que no puedo marchar- me porque a la misma puerta me van a sol- tar... (Aceituno le llama la atención y rectifica ) a

asaltar, tenaces, salvajes remordimientos, lucha cruenta del ímpetu de la tranca ecuá- nime, sin catite, respetampo del firma- mento.» Aceit. (¿Qué has dicho?)

Herm. (Yo qué se. Dame una copa que me voy a

volver loco.) Aceit. (Duro con ellos que son tuyos.) Herm. «jAh, señores! Soy todo vuestro. No sabéis

qué tiro más grande me hacéis. No sabéis

qué tiro, qué tiro...» (Suena dentro un disparo.)

¡Pardiez, qué tirol

Dr. Jab. (sánendo precipitadamente.) No es nada. Los bra- vos generales se han encontrado en el ves- tíbulo con un sujeto recién llegado de Sui- za que quería hacerse pasar por vuecencia. No le han dado.

Herm. Bendito sea Dios. No le han dado.

Dr. Jab. No le han dado, pero van corriendo tras él.

Herm. ¿Hacia dónde?

Dr. Jab. Boulevard arriba.

Herm. ¡Paso!

Rod. (Enérgico.) ¡Paso al general! |Va a cumplir

COn Un deber! jPaSo! (Le abren ancha calle. Cuadro )

Herm. Sí: ¡paso franco! Voy a volar en auxilio de

mis bravos generales. Dr. Jab. (En héroe.) ¡¡Boulevard arriba, general!! Herm . (a Aceituno ) Boulevard abajo, Aceitunito. Aceit. Kres grande. Herm. ¡¡Soy torreiffelescoü Rod. Volved en seguida,

Herm. ¡Sí; en seguida vuelvo! (a todos.) Señoras, caballeros: bésoos los piés, bésoos las ma- nos, bésoos a los niños...

44 -*

Aceit. No te entretengas.

Herm. Espera, que voy a dejar sentado un axioma como un edificio.

(Al público.)

No hay vida cual la vida del que gozando «el mundanal ruido» prosigue la florida «senda por donde han ido» los muchos frescos «que en el mundo han

[sido».

IN DE LA ASTRAKANADA

Obras de Pedro Pérez Fernandez

Al balcón, juguete cómico. Lola, diálogo.

Tal para cual, juguete cómico. La primera lección, monólogo.

Las Marimonas, sainete en dos cuadros, con música de

los maestros Fuentes y Foglietti. Los Florete, juguete cómico. ffl sino perro, entremés. El D. Cecilio de hoy, revista sevillana. Boceto al óleo, juguete cómico.

Flores cordiales, inocentada con música de los maestros

López del Toro y Fuentes. La victoria del cake, humorada satírica con música de

López del Toro y Fuentes. La penetración pacífica, humorada satírica con música

de López del Toro y Fuentes. A la lunita clara, entremés.

A la vera der queré, sainete en dos cuadros, con música del maestro Alvarez del Castillo.

El gordo en Sevilla, saínete..

Para pescar un novio... paso de comedia.

El alma del querer, sainete en tres cuadros, con música de los maestros Vives y Barrera.

La fuerza de un querer, comedia en un acto.

¡Por peteneras!, sainete en un solo cuadro, con música del maestro Calleja.

La casta Susana, opereta en tres actos, adaptación y re- fundición española.

La canción húngara, opereta en un acto. Música del maestro Luna.

La mujer romántica, opereta en tres actos, adaptación española.

El medio ambiente, comedia en dos actos. Coba fina, sainete en un acto.

Me dijiste que era fea... comedia-saínete en tres actos (uno, prólogo.)

Las cosas de la vida, juguete cómico en dos actos. (Se- gunda edición.)

La nicotina, saínete en prosa.

Trampa y cartón, juguete cómico en dos actos.

López de Coria, juguete cómico en dos actos.

El milagro del santo, entremés en prosa.

El incendio de Boma, juguete cómico con música del maeetro Barrera.

El paño de lágrimas, juguete cómico en tres actos.

Fúcar XXI, disparate cómico en dos actos.

Cachivache, eainete lírico. Música del maestro Rafael Calleja.

Naide es na, sainete en un acto y tres cuadros. Música

del maestro Taboada Steger. La perla ambarina, juguete cómico en dos actos. Lolita Tenorio, comedia en dos actos. Las pavas, apropósito cómico-lírico, música del maestro

Foglietti.

El señor Pandolfo, farsa lírica en tres actos, música

de Amadeo Vives. Las mujeres mandan o Contra pereza diligencia, sainete en

dos actos, divididos en seis cuadros. Los últimos frescos, sainete en dos actos. El marido de la Engracia, sainete en un acto, dividido

en tres cuadros, en prosa, música de los maestros

Barrera y Taboada Steger. El milagro del santo, entremés en prosa. El presidente Mínguez, astrakanada lírica en un acto»

dividido en tres cuadros, música del maestro Luna.

Del alma de Sevilla. (Primera colección de novelas cortas y cuentos andaluces.) Prólogo de Rodríguez Marín, de la Real Academia. Epílogo de Serafín y Joaquín Al- varez Quintero. (Edición Garnier, hermanos, París; un tomo 8.0 rústica, 3 ptas.)

Precio: UNQ peseta